Risus Pascalis

09 septiembre 2006

Europa sin violencia

Europa sin violencia
a Sofía Seguel

Hace unas semanas, Natasha Kampusch pudo huir de su captor luego de 8 años de vida bajo su control. Las cadenas de televisión de Europa no han dejado de mostrar el caso. Ella mismo ha aparecido en la pantalla contando su versión de la historia. Especialistas analizan on line la psiquis de la cautiva, generando una especie de Gran Esclavo temporalmente retardado. Desde hace varios días que nos hemos ido paulatinamente enterando del estilo de vida de Natasha en cautiverio, de las pesquisas policiales destinadas a comprender cómo pudo ocurrir un hecho así en Austria, un país de la racional Europa. No se descarta que la Kampusch escriba un libro y que los canales alienten su compra para ayudar a la pobre en la reconstrucción de su vida.
En una de las últimas performances de la escapada, Natasha visitaba la tumba de su ex captor. El sujeto se había suicidado luego que ella escapara corriendo mientras ambos lavaban su auto en la calle, afuera de la casa donde habían permanecido, captor y cautiva durante 9 idílicos años. La joven corría alejándose de su amo tan rápido como el tren despedazaba el cuerpo suicida de Wolfgang Priklopil, el captor. Pero ahí estaba ella, días más tarde, depositando una flor y diciendo que lo estimaba y que era parte de su vida, una declaración que para una austriaca no es una declaración de indiferencia. Era un buen tipo. Un poco posesivo, tal vez podría agregar uno sin temor a equivocarse. De esa forma, Natasha aporta con lo suyo a una prensa que sólo tiene ojos para el espectáculo, el morbo que provoca ver como mediante la violencia se logra tal dominación que se confunde con el amor, como si el mentado síndrome de pronto se convirtiera en un amor verdadero y profundo.
Sabemos todo de ella. ¿Pero de él? Nada. Sin embargo, acá, en la misma Europa donde ocurre esta sobreexposición de la víctima y este ocultamiento del gestor de la violencia más cruel, sabemos todo de las F.A.R.C. y sus secuestros, pero nada de sus secuestrados. Sabemos todo de la forma en que el ejército gringo revienta iraquíes y afganos pero no tenemos idea de la forma en que la resistencia nativa reparte los cuerpos de los colonos por los aires a bombazo limpio; menos de la forma en que un pueblo culto y sofisticado como el iraquí resiste en lo cotidiano una dosis de veneno inyectado a la vena por George y su llamada inútil pero eficiente C.I.A. Durante las otras semanas, justo antes que la Austriaca decidiera escaparse, Israel colocaba su sandalia sagrada sobre cabezas libanesas. Entendíamos las armas sionistas, los tanques, las bombas de fragmentación y toda indumentaria del soldado de Moisés, pero nada de las misteriosas armas de Hezbolá. Nada de la resistencia libanés. Como si hubieran huido al norte como perros cobardes. Bush aparece en la tela diciendo que sí tienen cárceles secretas, pero que ahí están los patos más malos del mundo. Tenemos fotos de los torturadores de las cárceles y torturados con capuchones. Tenemos a Pinochet andando por las teles y las bocas de sus mujeres, tenemos siempre a Bush en la Pantalla, a Berlusconi, a Blair, a Fujimori, Spiniak, acaba de morir Stroessner; tuvimos a Somosa, Videla. Tenemos, en la tele, en los diarios, tantos victimarios… (¡silencio!). Pero no hay víctimas en el mundo. De ellas, silencio. Spiniak era un abusador de menores, pero no hay menores abusados y nadie habla de reparación. Tenemos a Pinocho desaforado, pero las víctimas del Patio 29 no tienen todavía identidad. Guantánamo lleno de terroristas, pero sin biografías; nacieron terroristas. Berlusconi que aparece como boxeador del año 40 pero ningún italiano empobrecido gracias al descaro del ladrón. ¿Por qué este ocultamiento de las víctimas en Europa salvo cuando la víctima es una pequeña adolescente enamorada de su captor? ¿Por qué este blanqueamiento de la violencia? ¿Por qué los medios se rehúsan a mostrar la forma en que las víctimas infringen inhumanidad a sus victimarios? Hacer de las víctimas parte del relato no tiene nada que ver con hacer de los telediarios un escenario para el Gore. Me pregunto, sin embargo, por qué tanto endulzamiento de la violencia. Mostrar al malo no es mostrar todavía cómo funciona la violencia, es mostrar simplemente que está ahí. De ahí a la imitación no hay mucho camino. Víctimas, su voz olvidada. Víctimas, las voces calladas. Después de todo, no existe historia que no sea una historia de la barbarie… es decir hecha por los que comenten la barbaridad. La historia es hecha por los vencedores, decía el alemán Benjamin. Habrá, tal vez, que renunciar a la historiografía, incluso ésa de los telediarios.

27 marzo 2006

Así hablaba Antonín Artaud:


"Quisiera hacer un libro que moleste a los hombres, que sea como una puerta abierta y que los lleve hacia donde ellos jamás consentirían llegar, simplemente una puerta enfrentada con la realidad"(El ombligo de los limbos en el "Pesa-Nervios", Madrid 2002, 14)
"Estoy por debajo de mí mismo, lo sé y sufro por ello, pero consiento por miedo a morir del todo."(Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 16)
"Una enfermedad que afecta al alma en su más profunda realidad y que infecta sus manifestaciones. El veneno del ser. Una verdadera parálisis. Una enfermedad que nos quita la palabra, el recuerdo, que nos desarraiga del pensamiento. " (Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 29)
"Yo sufro de una espantosa enfermedad de la mente. Mi pensamiento me abandona en todos los peldaños. Desde el hecho simple del pensamiento hasta el hecho exterior de su materialización en palabras. (..) Yo estoy en constante búsqueda de mi ser intelectual". (Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 15)
"Hay algo que destruye mi pensamiento; un algo que no me impide ser lo que podría ser pero que me deja, como quien dice, en suspenso. Un algo furtivo que me despoja de las palabras que yo he encontrado, (..) que va destruyendo la masa de mi pensamiento en su sustancia (...) Ese desparramienfo de mis poemas, esos vicios de forma, esa flexión constante de mi pensamiento, no hay que atribuirlos a una falta de ejercicio, de posesión del instrumento que manejaba, de desarrollo intelectual; sino más bien a un hundimiento central del alma, a una especie de erosión, esencia a la vez que fugaz, del pensamiento. (..) Devuelva a mi mente el curso de sus fuerzas, la cohesión que le falta, la constancia de su tensión, la consistencia de su propia sustancia". (Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 19)
"Me gustaría mucho pensar que aun si no soy todo yo, tan alto, tan denso, tan extenso como yo, todavía puedo ser algo".(Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 20)
"Protesta contra la idea de una cultura separada de la vida como si la cultura se diera por un lado y la vida por otro; y como si la verdadera cultura no fuera un medio refinado de comprender y ejercer la vida" .(Prólogo del Teatro y la cultura en "Teatro y su doble", Barcelona 1990, 10)
"¿Cree usted que se puede reconocer menor autenticidad literaria y poder de acción a un poema defectuoso pero sembrado de fuertes bellezas, que un poema perfecto pero sin gran repercución interior?"(Correspondencia con Jacques Rivière en "Carta a la Vidente", Barcelona 1983, 16)

05 marzo 2006

Yo soy la bestia III


As Bestias se aman

Yo soy la más desencajada bestia: tengo la piel magullada por la tarde comienzo a ponerme crepuscular y sórdido entre las caricias de los amantes las promesas de los que no vuelven o la actividad secreta de quien ya no cree más en nada/ soy el pozo en donde las estrellas murieron lentamente en una noche de febrero cuando la luna las desvistió con su luz íntima de cabaret natural/ mi escritura es la maldición más penetrante de las que me ha tocado encarnar en materia y algo parecido a la materia pero más blando que simplonamente llamamos espíritu (dos vueltas en la misma cueca) por eso mi desesperación reverdece y abre las ventanas de la primavera como si no todo estuviera perdido: vida como manicomio

Soy los más aparente de lo que emerge en superficie: un funcionario público que casi sin darse cuenta se encontró colgado del parrón de casa dejando como única literatura una confusa carta de despedida

Yo que soy la bestia furibunda me he colgado
del lado más grueso que me une a la vida
como lirio o cordón umbilical enrollado
que me amorata ligeramente la voz
desatándome en el cuello el más
modesto infierno de telas y
banderas al viento de
un septiembre cada
vez más estrecho
terrible y simple
que me amarra a lo que no puedo
describir entre el espanto
el deseo y el amor que
agito entre mi
cabellera
rota

por eso me llamo bestia mientras recorro a contrapelo tus más delirantes sueños rompiendo tu calma aparente y tú música de supermercado que relajadamente te invita a comprar / no me digas que no es espeluznante descubrir que el reflejo de los escaparates eres tu mismo tratando de alcanzar una felicidad que se desmorona violentamente: la tarea de la autodestrucción es dejarse llevar por las fuerzas más ocultas que te habitan/ reconocer que lo que compone tu interioridad es una molotov muy bien preparada esperando ser lanzada al abismo/ o una carta de amor que demuestra que la existencia es un arco tenso/ aunque tengamos casi todo lo existencial un poco flácido/ es tener un secreto mal guardado/ la mitad del corazón de tierra roja en Brasil/ una amante despeinada en alguna página de Brodsky/ mujer delgada que desvive por uno mientras espera el retorno destejiendo esperanzas que la hieren con sus puntas afiladas/ la más cruel de las esperanzas: ‘Don’t let me down’ de los Beatles en mi casetera marca ‘orion’/en un inglés que sólo los ángeles-negros podrían intelegir o comprender pero no descifrar: tratando de soportar la brevedad del amor la inconveniente extensión del olvido y esas yerbas de vaca sagrada

y
trato
de tocar con
los labios la médula
del corazón
que me sostiene
que desfonda la realidad
que me deja hermosamente
terrible desnudos en el más salvaje
aquí y ahora que ya es tiempo pretérito

03 marzo 2006

Las cosas pueden estar más cerca de los que aparentan

(el fin de la lectura: 6 reflexiones transgénicas)

"... El instante de la decisión es una locura..."
(Soren Kierkegaard)



Woody Allen escribió en alguno de sus guiones cinematográficos que leía en defensa propia, pero he comenzado a pensar que leer también es una agresión. La información es una arma potente -lo intuía bien Alvin Toffler- pero pareciera que tenerla no tanto, la fuerza increíble es generarla, como un medio de dominio aunque no sea verdadera. Esto vale para los diarios, las revistas, las novelas, los libros de historia y de poesía. La lectura es una autoagresión higiénica, limpiecita y algo indolora. Una suerte de profiláctico poco usado o con mucho uso para defendernos y aprovecharnos de las palabras. Por eso he decidido leer cada vez menos los tradicionales medios de información. Una vez divorciado de los diarios y los libros he comenzado a leer prolijamente otras fuentes de información que me parecieron más verídicas y que están en el cotidiano inmediato y que, comúnmente, nadie lee: las instrucciones de uso de los electrodomésticos, las recetas que vienen en los polvos de hornear y los juegos, las revistas de puzzles, el rastro... y el papel envoltorio de la carta higiénica. Las presentes reflexiones son parte de la mínima y sana autoagresión cotidiana.

1 Mostrar-se:

En la cultura de la imagen lo más importante es mostrarse. Cada uno es protagonista de su exhibición y la literatura que venga de ahí conforma lo que llamamos información relativamente confiable. Andy Wharhol decía que cada persona tendrá unos 15 minutos de fama. Lo que se demoren los pacos en arrestarlo si uno se demora en desvestirse en la vía pública, la media para un orgasmo femenino, el tiempo que demora captar como se articula un origami, o lo que cualquier persona relativamente normal soporta una película de Stalone, un reality o el programa de la Vivi Kreutzberger. La Tv nos ha enseñado que lo que no se muestra no existe. En toda escala afirmamos la existencia, con el auto que manejamos, los cigarros que fumamos o la gente que frecuentamos. No nos mostramos como una apariencia sino que, sorprendentemente, aparecemos como lo que somos: en superficie, ni siquiera superficiales. Pero mala cueva, si no sabes pensar sal a bailar. Amén.

2. exhibir-se

Las narraciones de la cotidianeidad quedan siempre en boca del "enterado/a" del barrio. Corrientemente ese oficio se lo achacamos a las mujeres, pero la verdad es que admite un ejercicio mixto. La información (verídica, supuesta y cahuinera) emerge en sus dimensiones más sabrosas a partir de esta gente. La dinámica funciona más o menos así: por una parte están los que se exhiben, natural o discretamente, y por otro el "enterado/a", que conoce al dedillo la vida de los que viven en su entorno y por quienes narra el devenir de un pequeño mundo a sus propios habitantes. Nadie se aburre. Este narrador conoce entradas y salidas, relaciones y desrelaciones, los problemas y aflicciones de cada uno, las enfermedades, los problemas sociales, las cartas que reciben, a qué horas se acuestan y con quien... y si no los saben, urden las redes necesarias para informar. Siempre este narrador posee un areópago donde ventilar sus historias y esgrimir su lengua, puede ser el bar, el negocio del pan, el "puestos varios" de la cuadra o simplemente la calle cada tarde cuando la barre o riega las plantitas que ornamentan sus destrezas cuentísticas y cuenteras. Pero la verdad es que no hay una hora para sus relatos, como no hay manera de no escucharlos. Este testigo calificado de la vida de los otros, debe cada día hacer contorsiones increíbles para obtener la materia prima que procesará para hacer que sus consistentes narraciones no guateen. Y lo saben todo y en eso nadie les gana. Y de algún modo hacen las veces de novelistas multiusos, entre las redes de las mezquinas significaciones, persiguiendo en los detalles más mínimos a quienes piensan que sus vidas no pudieran contener ningún atractivo.

Muchos de nuestros escritores, de preferencia periodistas y novelistas, se confunden entre la literatura y los cuentos de vieja/o enterada/o. Pero debemos reconocerles que, como el Sapo Livingstone en sus mejores años, atrapan al boleo la realidad en sus más mezquinas significaciones. Como sabuesos persiguen los detalles más mínimos de una vida nimia, para llevarle hasta el formato narración -que con culo será un filme- y volverla algo prodigioso. Como buzos tácticos escrutan en las conciencias de los más antiguas en busca de detalles que permitan mostrar a las personas en sus verdades más desnudas, las que, casi siempre coinciden con las miserias más exquisitas o burdas. Todo para vaciar la imagen y dejar en el vacío a los que tratan de creer en algo. O peor entretener, divertir, para después olvidar. Suena casi al programa de la democracia en Chile. Así el arte de narrar se ha transformado en una cada vez más articulada nomenclatura de chismes que conducen, como textos ánimos a terminar pensando escuetamente como los futbolistas, o pero con una verborrea digna de Lavín o de la doctora Cordero.

3. destapar-se

El gran Albert Camus se dio a pensar el suicidio como una experiencia pedagógica, una suerte de iniciación a la nada, y como buen teórico se murió de viejo o enfermo y no comprobó nunca su teoría. Otro iluminado fue Émile Durkheim, para quien quitarse la vida es el gesto absoluto. Se olvidaba que absoluto (y relativo) son términos abstractos que apelan a cosas que siempre se escapan de la comprensión. Seguramente matarse es absoluto por el hecho que después de haberlo hecho no podemos, ni nos queda, nada por hacer. Por otra parte no falta la manga de histéricos que creen religiosamente que las tendencias suicidas crecieran con el progreso o con la difusión de herejías y el fin de éticas que no responden a las siempre nuevas y permanente mutantes necesidades humanas.

Aunque debemos reconocer que Durkheim al exponer simulacros y realidades muestra cómo el hombre, en su necesidad de significar, amenaza al mundo con morir. Durkheim, ingenuamente, crea estadísticas de las "anomalías" suicidas, que descubren aspectos de la soledad y la incomunicación en el contexto de lo que podríamos llamar moderno. Suicidio y locura fueron sinónimos por mucho tiempo, Durkheim descubre otra dimensión del suicidio: el altruista, la muerte como sacrificio en aras de un ideal. Diferenciándolo del suicidio egoísta. Quien se mata por un ideal posee un estado mental superior de quien se niega a participar del mundo. El suicidio tiene más de una connotación social. El suicida trata de llevar tras de sí a todos los que le han querido y odiado. Es un acto de venganza porque la vida es insoportable y vale callampa. A mi juicio son pelotudeces, siempre existe una curiosidad del hombre por conocer la muerte, como si fuera última respuesta a los interrogantes filosóficos y existenciales que sólo llevan a mayores incertidumbres. Como si la muerte fuera algo definitivo, como si de verdad existiese.

4. conservar-se

Una señora, en una calle de Roma le niega una moneda a un discapacitado sostenido en dos muletas. La vieja amarrete se enreda en la vereda y se cae, a lo que el discapacitado aparente abandona las muletas y responde con un salto acrobático atajándola para que no se descreste contra el suelo. La señora no se cae del todo, agradece el gesto y le da una moneda, mientras el aparente lisiado satisfecho retorna a sus muletas para seguir pidiendo. Así es como va el mundo.
5. preservar-se

En un negocio de Roma ofrecen una liquidación de muñecas de poliuretano. El aviso las describe gráficamente: con temperatura regulable, senos fuertes y suaves, vello púbico, lengua adaptable a las necesidades del cliente, pelucas intercambiables y un suntuoso vestuario (que se vende por separado) que no tienen nada de envidiar a las mujeres reales y en condiciones de desplazarlas en un deslizamiento de la función de la réplica hacia la entidad real. Las muñecas, advierte el mismo anuncio, no están en grado de reemplazar la mujer, son la mujer. Concebidas para consuelo de los más tímidos, inexpertos, solitarios empedernidos y cansados de tener que oír a sus mujeres, pagar sus cuentas y soportar a su madre o a sus amigas. El pack es conveniente porque incluye un bombín eléctrico y algunas de las piezas intercambiables. Hordas de compradores sitian el Sex-Shop que las ofrece.

Pareciera ser que nada mejor que una muñeca como amante. Se trata nada menos del sueño masculino: la mujer como un objeto domesticable, que no ofrece resistencia, se amolda a los deseos íntimos e inconfesables. Como no habla, no puede enjuiciar, cuestionar ni decidir. La muñeca es un objeto perfecto, la solución ante el forcejeo de los sexos en la lucha por el poder. El precio es bastante caro: el hombre que elige una muñeca renuncia a la comunicación. La soledad aguarda detrás del poliuretano. Ante la relativa imposibilidad e incomodidad de convertir las mujeres en muñecas de carne, a precios de Mastercard Gold, ahora las tenemos de poliuretano a la alcance de todos los bolsillos. Ya no serán más las niñitas las que jugaran con ellas, sino los caballeros, los ancianos y ancianas, los inválidos y los feos, lo que significa la democratización equitativa del placer sexual. Además de tener permanentemente senos hermosos; son higiénicas, lavables, no contagiosas (olvidémonos del terror al SIDA), con tres orificios útiles y utilizables, con lengua, con deliciosas caderas, sin regla cada mes, negadas al embarazo y dispuestas a vivir, hasta el fin de nuestra vida de deseo, cómodamente en un armario. Un sueño eterno del hombre que seguramente Mattel ha hecho realidad para nosotros.

6. desconectar-se

Hace un tiempo atrás, en el programa "Biografías" del canal 13 , la modelo (confiemos en que sea eso) y estudiante de periodismo Daniella Campos, se lamentaba de que su nombre fuera un producto de comercio, algo que la vende y que no da cuenta de lo que es ella realmente, que le gustaría cambiarse de nombre (supongo que de barrio y de ciudad) para sentirse más libre... insistió que ella no era un producto comercial. Al otro día el agudo periodista de espectáculos Ricarte Soto, en el matinal de televisión nacional de Chile, señalo lúcidamente que si ella no ha entendido que su nombre (y el resto en consecuencia) no es un producto, tiene que pedirle a su representante que se lo explique. Acto seguido apagué la televisión y me di una buena e inconsciente siesta.

Tito Fernández Cubillos, Roma del 2005 para el 2006, en marzo día 3 un viernes de Cuaresma en cama.

02 marzo 2006

YO SOY LA BESTIA II

a Lucho Molina

Le bestie mi amano

Yo soy la bestia: me subo a la micro por detrás porque sé que en el pasillo siempre hay más espacio vital conozco la ciudad de noche y soy parte de la acequia de lo humano que se lleva lo mejor del hombre hacia el mar/ aúllo en mi escritura para mirarme en el papel como en un espejo: nada de esto tiene sentido (lo sabes mi querido sabueso) es una forma de jugar con los sentidos negados a las palabras


Soy la profunda noche: una triste puta suicida que encontró en la literatura la punta más aguda con que destruirse las venas el veneno está en la cola aunque por la boca muera el pez

porque soy una bestia rabiosa
con Dios me acuesto y con Dios me levanto
María me cubre con su manto
esa noche no me retuerzo en la cama
aunque me envuelva en las sábanas
me amortajo de banderas
y de voces en mi cabeza
que me mandan a garabatear lo que escribo
un sino terrible: la vida era simple
hasta que empecé a pensar


como soy la bestia te recomiendo leer este poema para atrás posiblemente sea más sencillo de entender/ o simplifique la experiencia de la vida como la rosa que pende del crepúsculo colgando sobre nuestras cabezas: rosa artrítica que extiende su nervadura por debajo de la nuclearidad rota por el arpón en el costado de dónde sale sangre y agua/ la luna refleja en línea que se traga mi nariz arqueada/ al pensar la vida se pone curva se hunde en la imagen que el calor genera en el asfalto/ en medio del camino en la selva oscura/ o debajo del puente pelando pollitos/ bombardeando los campos de las amapolas de la metafísica/ desenrollando el chunchul por detrás como una película que empieza mal una canción que señala que ‘la banda está borracha’ himno oficial de la escuela de Carabineros de Chile porque sabemos que pensar es desarmar las cosas en partes arbitrarías/dormir el acto más universal posible: ciegamente es saltar todas las diferencias y enredar la lengua en la realidad para hacerla sangrar por eso soy una bestia que ama a las otras bestias tatuadas en la materia en el respiro en los libros apilados en el olvido donde las bestias se abren como un rosa que es un coágulo del cielo en las arterias o un cardenal emergido en el blancor de la piel de la inocencia


por eso mi escritura se arma en espiral
para adentrarse como un sacacorchos
en la médula de lo no pensado
que desfonda la realidad
que nos deja hermosa
y terriblemente
desnudos
aquí

01 marzo 2006

La década de los Cerentas

Luis Molina (desde Iquique)

Me pregunto qué significa esto de las décadas ¿Serán aquellas épocas en que un grupo de bebés perdieron su cordón con el mismo bisturí? ¿Una especie de generación nacida con cualidades especiales que estudiaba en colegios similares, escuchaba la misma música, vestían los mismos trapos? La verdad es que no creo. Últimamente estoy antibiológico: no creo en lo sanguíneo, creo en el corazón; no creo en los que dicen "yo nací aquí", creo en los entomecinados; no creo en los nacionalismos, patriotismos, no creo en nada que sea azaroso. Creo en la voluntad que te lleva a renacer. Un concepto similar a la Confirmación: "Desde ahora sí creo por mí mismo: ahora soy yo", y, por lo tanto, escojo mi ciudad, escojo mis padres, escojo quien ser.
Quizás la respuesta correcta a ‘qué es una generación’ tiene ciertas variaciones sutiles a lo expuesto. Una generación está formada por aquellos 3650 días en que hombres y mujeres en distintos lugares, en distintos quehaceres, en paralelo, dibujaron una forma de enfrentar el mundo, equivocada o no, que dio origen... a una década.
Esto último suena mejor.
Pensé entonces ¿Quién fui yo? ¿Qué hice? ¿Qué traté de hacer entre los 13 y los 23 años? La respuesta inequívoca es que ‘me hice hombre’, hablando como un machista. Aunque en términos menos arcaicos, hacerse hombre no es sacar a pasear al pájaro, sino sacar a pasear la sesera. Hacerse hombre no es otra cosa que tratar de responder aquella pregunta -que suena bonita en inglés- ¿Who i am? Y no sólo quién soy, sino ¿Quién quiero ser...? Y aunque apasiona hacerse esas preguntas, duele responderlas. "No haré esto", "no permitiré esto otro", "lucharé por aquello...", bueno, no pasan ni cinco minutos de que te hiciste la interrogante y te toca salvar tu trasero.
Duele llegar a ser un hombre, una mujer.
Para mí los 80’s no fueron Pinochet, protestas, Der Komisar... -sin negar su relevancia por supuesto-. Pienso que lo que creemos que fueron los 80’s en realidad corresponde a lo que afloró de nuestra voluntad interior, floja o alentada, lo que hicimos o no hicimos por cambiar este mundo. Siempre puede haber un Pinochet, pero seguramente distintas generaciones reaccionarían de distintas formas.
Entonces creo –y me llama la atención- que lo importante es saber qué me llevó a ‘hacer’ en los 80’s.
Ahora si bien en esa época planifiqué mi vida, y no le quito importancia a ello, entonces me repregunté ¿Soy de los 80’s...? Y a propósito ¿Los de los 70’s, qué fueron en los 80’s? ¿Qué fueron en los 90’s? ¿Y si fueron mejores, ya no son de los 70’s? De qué época somos entonces ¿En la que hicimos nuestro mayor aporte? ¿En la que hicimos algo que no fuera necio? ¿Tiene sentido hablar de una década...?
¿Tiene sentido hablar de una década pasada...?
De verdad que me enredé un poco... "Le voy a joder el tema a mi amigo Egor Mardones" -pensé...
Entonces me dije lo inevitable: "no quiero ser de los 80’s". A pesar que encontré mis líderes, me hice hombre, dejé Tomé con la promesa de volver, anduve en protestas, aunque en otras me hice el leso... o el inteligente.
Anecdóticamente hablando, debe haber sido mi época más corrupta. Antes de renacer estaba confundido. Soplé en las pruebas a cambio de un sandwich de queso, bolseé a mis amigos, hice rifas falsas, boletos falsos, llevaba la cuenta de las ‘minas’ (aunque era el que tenía menos), me aproveché de los que me querían, fui egoísta. Y a pesar de la arrogancia que requiere ser corrupto, también fui cobarde: regresé a Tomé por primera vez sin una buena explicación...
No quiero ser de los 80’s...
No quiero que ustedes sean de los 80’s...
Quiero ser de la década de los Cerentas. Sí, la que está naciendo... esta época, la época cero, la década cero. Y luego quiero ser de la década de los Diez, si mi vida se acaba allí, o de los que sean cuando termine o me terminen...
Quiero ser de la época de los Cerentas.
¿Por qué no recordamos esta década...? Sí claro, ‘recordemos’ el futuro. Empecemos con un bautizo, un bautizo de caballeros. "En nombre del ‘Santo’, de ‘San Juan’ y de ‘Navidad’ te bautizo como... Gato Freak, ja ja."
Por cierto ¿Cuál será la década de Tomé? Me dicen que ya fue y todavía la recordamos...
No quiero ser de los 80’s.

28 febrero 2006

Yo soy la bestia

J�f aime les b?tes

Yo amo las bestias: alguna vez pens? ser de la raza de MAIAKOWSKI o al menos de la clase de ARTAUD o un primo menor de RIMBAUD con suerte uno de los nietos lejanos de GONZALO ROJAS el amigo que nunca tuvo LIRA porque s?lo entre las bestias que hablan me siento bien:

bestias que sonr?en bonito mostrando sus dientes y desconsolado que dejan el desastre con un sabor inquietante a vida

es que soy una bestia rabiosa
que vomita espuma por la oreja
con manchas en todo el cuerpo
que se retuerce en la cama
que se envuelve en las s?banas
y se golpea la cabeza contra el muro
que se levanta temprano
para escribir las l?neas del fracaso

soy una bestia que debi? ser asesinada en tiempos de cacer?a una ballena arponeada en el costado que a?lla llorando la luna cuando lea l?nea de la vida se pone curva me encamino hacia lo que termina ahora sin pena ni miedo/ sin rabia ni deseo/ sin plata ni trabajo/ sin pan y libertad/ sin nada de nada seguro de que la canci?n �eque se mueran los feos�f es el himno patrio porque nunca estuve de carrete desenfrenado en el Liguria ni vote por la Bachelet en enero del 2006 porque soy una bestia amo a las otras bestias pintadas por Bosh o por Brueghel las bestias que pueblan los libros de Pasolini o los filmes clase b que ve?amos en las noches de la adolescencia

pero por sobretodo amo las bestias
que enrabiadasno dicen nada ni nada menos
las m?s terribles
las m?s tristes y violentas
las m?s m?as

(tito)

Esa idiota verdad

Esa idiota verdad
La repetición incansable
Hay un modo de relacionarse que es parte de la estructura interna de occidente y de los occidentales. Incluso de nosotros, latinoamericanos no occidentales dominados.

Se trata del gusto por la verdad. Por todas las instituciones encontramos el discurso de la verdad. Se trata de un tesoro cuidadosamente oculto, subterráneo y todos jugamos a encontrarlo, usando tácnicas y tecnologías de extracción escrupulosamente preparadas, construidas y ensayadas. Usamos procedimientos, discursos, modelos, herramientas esmeradamente afiladas para penetrar en las capas que envuelven el secreto. A toda costa debe ser develado, desenterrado. Hemos construido una arqueología de la verdad que se expresa en todo el sistema de saber. No sólo la ciencia del laboratorio o del análisis social, sino también la metafísica, la educación, las personas; en fin, un ejército de artefactos dispuestos a la extirpación de la verdad, al desarraigo; y por el contrario, a la supresión del error, a la eliminación de las distorsiones, a la segregación de los elementos desviados. Ese es el propósito de todo discurso, el anhelo de las instituciones, la meta emprendida en occidente hace ya algunos siglos.
Digo que no sólo la ciencia -esa del laboratorio- está empeñada en el hito de la verdad; sino que toda institución ha construido su propio discurso de verdad a tal nivel que se ha fijado como plan estratégico e incluso como norte ético. La escuela es templo del saber, dice la frase cliché que sirve para grabar en las conciencias de los alumnos el código de la búsqueda de la verdad. En la escuela esa verdad no sólo se aprende en el discurso del erudito sino sobre todo en el juego de relaciones de poder. La figura del "director" no es únicamente quien dirige la escuela, sino también quien, en última instancia, interroga e interpreta la verdad de la indisciplina. La figura del "inspector" es su instrumento. Él se encarga al final, de contorsionar al alumno mediante la instauración de un mecanismo de miedo y delación. En mi colegio aprendíamos con el inspector que ante la extracción de la verdad de un delito no importa ni la amistad ni la lealtad; ellas debían rendirse frente a los mecanismos excavativos de la verdad. Lentamente nos volvíamos todos bien enemigos o bien cómplices en la oscuridad del error.
Allá en la escuela transmite la cultura su script inteligente, su robot reproductivo, su lógica paleontológica que actúa destruyendo lo que parezca opacar la verdad, su búsqueda o su simulación. La verdad -se aprende así- está al margen de todas sus relaciones. Se la trata como una isla, sin contexto, sin matices, sin oscuridades, sin misterios, sin variabilidades. La salida del sistema educacional comporta dos tipos: unos expertos en la tecnología de la extracción de la verdad y otros prontos a la dicción de la verdad. Entre ellos una relación de dominación y de poder. Relación que se reproducirá incansablemente en las otras instituciones, en los otros planos de la vida social.


El miedo a caer
Hay un aprendizaje que realizar en la vida. Aprender a caer. Hacerle frente al error como algo cotidiano, humano; incluso no separado de la verdad. Volverse amante del ensayo, de la exploración caótica de las periferias de los modelos de verdad aprendidos. ¿Por qué se hace difícil esa exploración no arqueológica, no extractiva de la vida? Supongo que hemos llegado a detestar el error y ante todo estorba el secreto, irrita el misterio, impacienta el enigma y fascina lo esotérico como forma final (y no menos paradójica) de victoria sobre lo oculto. En todo caso, hay algo más propio del funcionamiento de la verdad en los términos de desvelamiento arqueológico. Se trata del miedo, del terror con que se asocia con la extracción de la verdad.
Entre los tropos simbólicos que implantan la relación verdad-terror está la piedra de la locura. Varias pinturas holandesas del siglo XVII muestran un médico trepanando la frente de un hombre vivo, supuestamente loco, con el fin de extraer la "verdad" de su locura: una piedra implantada en su cerebro; una monja y un sacerdote completan a veces la composición del cuadro. Muchos críticos de arte interpretan esos cuadros como un sarcasmo a la ignorancia de la época. Pero también puede perfectamente representar la actitud occidental de la búsqueda de la verdad. Ese es el paradigma de la búsqueda arqueológica de la verdad, la destrucción del individuo para lograr conocerlo: análisis, disección, desaparición de los que son sometidos a las presiones de los instrumentos cortantes del conocimiento.
Primer ejemplo: el cometa Temple. Hace pocos días las agencias espaciales realizaron un procedimiento experimental que les permitirá el acceso a la verdad de la formación del universo. Si uno coloca en una serie los elementos del experimento aparecen cosas interesantes: un misil se lanza desde la tierra para penetrar en el corazón del cometa; pero no se puede penetrar en él sin antes destruirlo por completo. El misil ha sido construido de cobre, material cuidadosamente extirpado de la tierra; pero no se puede extraer sin destruir y penetrar la tierra. La desintegración del cometa la hemos visto en tiempo real mediante cámaras estratégicamente dispuestas; observatorios calculadamente situados; instrumentos prolijamente calibrados: todas herramientas que ya habíamos visto en los esmerados y precisos bombardeos británico-americanos en la guerra del golfo, en Afganistán y en Irak pero que también vemos en las no menos dirigidas intervenciones quirúrgicas en asépticos pabellones hospitalarios. En fin, los mecanismos médicos y científicos no se distancian de los mecanismos bélicos. Tácnica al servicio de una verdad que es necesario extraer conocer íntimamente: espionaje, cirugía, guerra y ciencia excavativa obedecen a una lógica bastante similar. ¿No es en virtud de la necesidad de conocer verdades ocultas que se han invadido últimamente algunos países? Y sin embargo es un discurso que enmascara otras metas.
Segundo ejemplo. Si bajo la presión de misiles y bisturís sucumben los objetos de la ciencia y de los estados ¿con qué métodos se extrae la verdad de las personas "comunes"? ¿Qué metas persigue esa extracción? Un fenómeno por todos conocido: el espectáculo. Entendido como representación de la vida de la sociedad, como simulación y, por tanto, como ejecución cuidada y planificada. Allí -se nos dice- aparece la verdad de los sujetos. En los reality aparecerán las verdaderas personalidades de los actores que son analizadas por expertos sociólogos: "es una rota", "un picante", "fue violada en la infancia". En el espectáculo aparece la verdad, la ficción es una puesta en escena de un discurso sobre la verdad. Algo similar con los talk shows también con personajes simulados sometidos al escrutinio de los Carcuros y de las Evas, van contando su íntima verdad de la cual dan crédito sus lágrimas, sus dolores y su exposición grosera de la vida privada, en definitiva, la caída de todos los misterios, la disolución de todos los secretos.
El ejemplo no est? alejado ni del campo b?lico ni del m?dico. La figura de quien que interroga desde una situaci?n de poder privilegiado con una estrategia vigilante y eficaz en la extracci?n de la verdad funciona tanto para el torturador como para el presentador. Igual forma quien provoca la histeria y el desmantelamiento de toda barrera psicológica para que el sujeto "cuente" la verdad escondida es similar en el psicoanalista como en las cuidadas polémicas faranduleras. Una misma estructura está de fondo: cuando se sufre hasta el dolor, aflora la verdad: "tengo piedras en la cabeza", dice el refrán holandés.
Tercer ejemplo: el sacrificio (ritual) de la imagen de una figura pública. Se recurre con frecuencia al mismo rito de degradación de un personaje. Un juez es sacado de ruta revelando al país su homosexualidad; otro es sacado de la carrera política de la Casa Blanca por una infidelidad. Se pueden enumerar cientos, todos los días se recurre a la revelación de un secreto íntimo para poner a una persona "fuera de juego". Se disuelve su fama, pero no del todo, en realidad desde ese momento se le conocerá únicamente por "aquello" (el pedófilo, el cura degenerado, el satánico, el ladrón, el violador, etc.). El rito se encarga de sacar a la superficie su verdad y colocarla como característica principal: es el juego del espectáculo: estudia, conoce, extrae esa oscura verdad peligrosa y a partir de ella construir un personaje para la representación. Se disuelve el individuo esta vez con la técnica de reducirlo a un enunciado simple, claro, inteligible, incuestionable, único, representable, atrayente ¿no es lo que nos han dicho siempre de la verdad?

¿Dije "dolor"?
Esto parece un proceso de dolor, sufrimiento y muerte. Pero no es así. Después de todo los tres ejemplos gozan de los más altas sintonías televisivas y los más altos financiamientos militares, científicos y médicos. ¿Es que es una cultura del dolor? Al contrario, el mismo mecanismo de extracción de la verdad opera para difundirse. Se autoreplica, se repite como reproducción warholiana. Complejos procesos históricos hacen que asociemos la verdad al placer o al bienestar, la extracción de la piedra de la locura a la salud mental (la lobotomía fue la cura de la locura). La verdad -se dice- es algo oculto que por su propio dinamismo estaría destinada a salir, la extracción es un proceso natural, el descarte de sus barreras sería un imperativo ético urgente que todos deberíamos sostener y realizar.
De esta forma se legitima un proceso de expansión, de difusión de una lógica naturalizada de un proceso histórico. Pero ¿expandirse para qué? ¿Cuál es el interés de este discurso de la verdad? ¿Qué tipo de relación intersubjetiva e intercultural se establece? Se trata de la disolución del otro. De instaurar una radical desconfianza en el otro. Sólo accedo a la verdad de lo que el otro es mediante su destrucción, dejo así de lado todo proceso asociativo, privando a los ciudadanos de sentirse confiados, seguros de otro. Se debilita ese necesario vínculo que permite creer en el otro. Después de todo quien está frente a mí es cualquier cosa, menos lo que aparece, pues queda reducido a una apariencia: el otro es un eclipse.
Sujetados así a una radical desconfianza del otro; dominados por una sociedad de la inseguridad; convencidos de que en el fondo de cada uno hay un secreto peligroso y amenazador; y paralizados por el miedo a todo, se hace creíble una nueva forma del dominación en servicio a una forma económica. Ésta se arraiga como promesa de extirpación definitiva de los miedos instaurados en la cultura y se narra como héroe liberador de terroristas y enfermizas amenazas.

Mike van Treek Nilsson / Louvain-la-Neuve / Julio 8 de 2005.


A propósito de la visita de una princesa

El blindaje del farsante
Vivo en un país orgulloso de su monarquía. Una princesa viene de visita a nuestro instituto de lenguas. La princesa es además, senadora por derecho propio. Se nos pide hacer preguntas para el evento. Nos interesamos en la vida de la familia real, en las actividades como senadora. Entre los alumnos, algunos deciden presentar un aspecto de cada país que destaque por su belleza, otros pocos deciden preguntar por la relación entre monarquía y democracia. Dicen que es un tema político, yo encuentro que es un tema que tiene relación con todos los otros. Ante todo, la democracia es algo bello de mi país; es además un tema que toca directamente la vida de la princesa: es senadora, un cargo en una institución claramente política; por último, la vida de la familia real se desarrolla dentro de una democracia.

Como era de esperar, nuestra pregunta es censurada por el comité. Se nos explica que no hay que poner preguntas difíciles desde el punto de vista político. Después de todo, es una princesa que ha llegado al senado no por sus cualidades políticas, sino por el adiestramiento histórico de las cortes y ahora también por la complicidad de la sociedad que se ensueña con una institución inaccesible. Si la princesa o alguien de la familia real emiten una opinión personal sobre un asunto político, puede ser considerado una injerencia inadecuada.

Esta situación me hace pensar en la relación entre autoritarismo y democracia; también en los discursos que sostienen prácticas enquistadas en la sociedad. Me vienen ideas que me ayudan a comprender este impasse desde mi horizonte, desde la vida política de Chile.

Mi idea no es nueva ni original. Pienso que la monarquía es un enclave autoritario. Cuando uno dice eso en un país donde hay monarquía "constitucional" te explican gentilmente que la monarquía no tiene ningún poder. Me río y a carcajadas. Es cierto que la "constitución democrática" no otorga poder de gobierno, pero eso siempre y cuando sigamos analizando el poder desde el punto de vista jurídico. Pero el poder es algo diferente, no es identificable con una persona, ni con una ley, el poder es lo que nos hace existir, constituirnos de cara a otros y a nosotros mismos, nadie existe como tal sin poder. Es la tesis de Michel Foucault. Se trata, por tanto, de un poder excéntrico, es decir, el poder no reside en un foco identificable, sino que es un sistema de flujos. En ese sistema de flujos tiene una importancia tremenda el poder que se ejerce desde y en los cuerpos por medio de la manipulación de la sexualidad, por una parte, y por medio de los discursos (que son algo más complejo que el "habla"), por otra.

Me propongo mostrar como en esta visita de le princesa se colocó en marcha un dispositivo de poder que instala un blindaje en torno a la princesa. Quiero mostrar como ese blindaje funciona y qué provoca. En seguida nos daremos cuenta que esa coraza existe en todas las culturas y es puesta en marcha por todas las instituciones. Al final me gustaría plantear un punto de vista personal de cómo ese blindaje debe ser penetrado y como ese dispositivo de poder puede ser desactivado y desmantelado.



El dispositivo
Antes de que la princesa visite nuestro centro de estudios, se nos explica que será necesario realizar una lista exhaustiva de las personas que asistirán al encuentro. Curiosamente, a parte de nuestro nombre, apellido y carrera, se nos pide identificarnos con nacionalidad y documento de identidad; información que ya se encuentra en la base de datos de la universidad. Estos dos últimos datos son los realmente importantes en el dispositivo. En un estado democrático y en paz, esos datos son solicitados únicamente por la policía o por los funcionarios públicos encargados de los registros de extranjeros. Lo importante en el acto no es la información que se solicita, sino en el poder solicitarla y en el hecho de hacer la pregunta. De hecho, la princesa se reúne todos los días a multitud de gente sin que sus identidades sean verificadas. Preguntar por la nacionalidad y el pasaporte no es una verdadera pregunta, es una declaración de separación; el establecimiento de una distancia. El dispositivo se monta sobre este primer pilar: el extranjero es un ser diferente, debe ser bien identificado. Ciertamente que la princesa no tiene miedo a los extranjeros, el dispositivo quiere, en una primera instancia, que los otros tengan miedo del corifeo que rodea a la princesa. El primer pilar del dispositivo, entonces, es instalar el miedo al otro, la desconfianza.

El segundo paso del aparato de blindaje es el control del habla. Sólo hay ciertas cosas que se pueden decir, ciertas preguntas que se pueden formular. En este caso, no podíamos preguntar sobre la política de su propio país, pero sí podíamos preguntar por sus acciones humanitarias: cruz roja, visitas a niños enfermos, visita a refugiados políticos, SIDA o por la colección de zapatos o vestidos que posee. También podíamos preguntar por sus viajes y por la vida cotidiana. Otra alternativa: presentarle nuestro propio país. El control del discurso es claro.

El tercer pilar es la escenificación de los personajes. Este sostén no puede funcionar sino sobre la base de los dos anteriores. Por medio del temor y de la distancia frente al otro, se establece una relación asimétrica: hay uno que controla y lo realiza por medio del temor. Aquel que se impone como vigilante de los otros construye un relato explicativo, una escena. En esa escena, el director -el que da la palabra- tiene dominio sobre el lenguaje: se habla en los términos que él propone. La escenificación queda completa con la caracterización moral de los personajes. Unos son los que se preocupan de asuntos humanitarios, incapaces por tanto de hacer daño. Los otros son los que se interesan a temas "potencialmente peligrosos" para la monarquía: en este caso el hablar sobre política interna o preguntar sobre la manera de ver la democracia en su propio país. Como se aprecia, la narración está lista para desarrollarse en los términos que el narrador quiere. Hay uno que narra, una trama definida por los temas, unos personajes que juegan su rol y un conflicto.

En esta narración, se desplaza un elemento del primer pilar. Como es bien parte de su naturaleza, el temor tiende a expandirse, a inundar otros sectores de las relaciones humanas. Se instala ahora como parte natural de la relación. La princesa teme al otro distinto y ese otro teme no respetar el sistema de blindaje instalado; se mantienen así ciertas distancias, pero son distancias basadas en el miedo y en el control, no en el respeto, por más que la pompa monárquica enmascare esas maneras en gestos de cortesía. En el fondo, son gestos propios de la relación entre esclavos y maestros.



La narración del blindaje
El carácter narrativo del dispositivo es innegable. El relato se desarrolla sumando eventos que indican claramente quién tiene el poder de dominar. Se establecen horarios, discursos, maneras de hablar, ensayos, visitas de agentes de seguridad - que curiosamente deslizan su temor a la cantidad de gente "de todos los países". Explicitan así su temor al otro distinto y reforzándose como objetos de temor para esos otros. Así afianza su carácter de narrador absoluto, puesto que todo el desarrollo de la trama depende de la voluntad del agente de seguridad. El recuerdo de quien es el que domina es propio de un mecanismo de blindaje de este tipo. En este momento, el narrador asume la talla de un pan-observador, de un vigía que controla desde su posición privilegiada, listo a tomar medidas en caso de disfunción en el relato.

La intensión del dispositivo es que cada uno se afiance en su rol. Cada cual tiene su papel que debe interpretarse correctamente. No se trata de una visión estructuralista de mi parte, por cuando el script que cada cual debe jugar no está definido solo por las relaciones, sino por los discursos y por los intereses de poder. Es una estructura narrativa creada, instalada, históricamente mutable y, lo más interesante, desmontable.

Por supuesto que el dispositivo instalado en torno a la princesa no funciona por sí solo. Es importante en la medida que forma parte de un sistema de dispositivos tendientes a implantar una forma concreta de intersubjetividad.

Más evidente aún es que el dispositivo no tiene que ver con nosotros los extranjeros, sino que somos una mínima pieza dentro del mecanismo.

La red de dispositivos está orientada a la misma sociedad donde se desenvuelve. El objetivo es mantener una serie de discursos legitimadores de relaciones de desigualdad. El gran dispositivo de poder no busca sino estratificar, asignar y ordenar. En el horizonte no veo solo un "modo de ser del poder". Lo que veo es una administración eficiente de la felicidad y del placer. El conjunto sistémico de dispositivos estratifica social y económicamente asignándoles además, grados de bienestar, maneras de comportamiento sexual y una serie de otros elementos que se organizan más o menos rígidamente tomando en consideración el status, el género y la edad. Sólo basta recorrer esos elementos al desplazarse por la estratificación social en la que viven la mayoría de los países europeos; inmediatamente se constata que está lejos de ser una sociedad con igualdad de oportunidades.



La farsa de la princesa
La vida privada de una princesa no interesa sino a aquellos que están plenamente introducidos en el sistema del dispositivo. En efecto, una de las fuerzas de legitimación más energética es la fascinación o la espectacularidad de la mise en scène de la realeza. En la medida que son personajes de un relato del dispositivo parecieran quedar fuera de la crítica y de la opinión razonable y razonada. Eso parece sugerir que la vida de las personas de la realeza no aparezca en la arena pública sino bajo el alero de las revistas de espectáculo. Su nivel de diálogo no es sino la cultura del espectáculo; delicia de los paparazzi están ausentes de la discusión política. Puede ser que de vez en cuando aparezcan con un rol respecto a la unidad nacional o a grandes valores morales de la nación, pero son incapaces de zanjar un asunto por medio de la discusión, es el recurso a su autoridad moral lo que entra en juego en ese momento.

La figura de la princesa es un símbolo del entretenimiento y de encanto, pero eso mismo la constituye un delicado aparato de inhibición del discurso crítico. Ese aparato funciona al interior de una nación gracias a la fuerza sinecdótica de su papel: el payaso vuelve un circo cualquier escena donde éste aparezca. En este caso, por contigüidad, convierte en espectáculo su actividad de senadora humanitaria. De esa forma, preocupadas todas ellas de actividades de paternalismo social, convierten las luchas de justicia de los pueblos en tareas insulsas, privadas de espesor histórico. La princesa se ocupa del SIDA, de los pobres y de la cruz roja, pero no de proponer leyes que afecten los problemas en su nivel estructural. Puede visitar hospitales, pero jamás comprometerse al lobby contra las patentes exclusivas de las farmacéuticas; puede visitar centros de refugiados políticos, pero jamás reconocer la deuda histórica que tiene con sus antiguas colonias; puede visitar niños reventados por minas antipersonales, pero jamás proponer cerrar las industrias de armas que funcionan bajo empresas que alzan la bandera de su país.

Al analizar de cerca el dispositivo de la princesa, uno puede percibir que no es exclusivo de los países que conservan sus tradiciones monárquicas. Dispositivos de poder y de control están instalados en todas las sociedades. En Chile, recuérdese el "boinazo": un gesto que fue un dispositivo bastante semejante desde el punto de vista estructural: miedo, travestismo y control.


Desmantelar, desactivar
Si hay poder, hay lucha; el poder no es un equilibrio quieto. Es una lucha inestable que requiere de estrategias. Es evidente que esas estrategias están coordinadas. No me interesa hacer filosofía política, me interesa señalar el contrapeso al autoritarismo.

Se trata de un relato que legitima la estratificación, la segregación de la población y la asignación de cuotas de felicidad y de placer. Pero también el entrenamiento de destrezas necesarias para poder cumplir los roles asignados por el script. A mi modo de ver, dos estrategias son interesantes de considerar, sin ninguna pretensión de exclusividad, claro está.

En primer lugar, la desarticulación del relato bajo la misma forma de relato por medio de la sátira. No el humor de la comedia del espectáculo, sino la desarticulación de la trama mediante la construcción de narrativas que logren cambiar el punto de vista de lectura. La sátira es por ello un instrumento peligroso y el sátiro provoca escozor porque se apodera del relato de dominación para transformarlo en relato de goce compartido.

La segunda estrategia es la fiesta popular, ligada al relato mítico de sentido. Tal vez la fiesta es otra forma de reescritura del relato, pero recupera una dimensión profundamente controlada en el relato de dominación: el cuerpo. En los relatos de dominación, el cuerpo es una monada, encerrado en sí mismo por el temor al encuentro, se convierte en el punto más importante del self. En la fiesta, por el contrario, el cuerpo se convierte en puente de relación y se integra al contacto sensual que es la ruptura del miedo al otro. Tal vez por el relato y por la fiesta, dos componentes de la cultura o de las maneras latinas y africanas, que es en esos continentes donde el post-colonialismo ha tomado fuerza de disciplina crítica y, al mismo tiempo, el neocolonialismo ha sido más crudamente reimplantado, esta vez, no por la monarquía, sino por un tipo de modelo de mercado extremadamente virulento.



Mike van Treek / Noviembre 30 / Louvain-la-Neuve.