Risus Pascalis

09 septiembre 2006

Europa sin violencia

Europa sin violencia
a Sofía Seguel

Hace unas semanas, Natasha Kampusch pudo huir de su captor luego de 8 años de vida bajo su control. Las cadenas de televisión de Europa no han dejado de mostrar el caso. Ella mismo ha aparecido en la pantalla contando su versión de la historia. Especialistas analizan on line la psiquis de la cautiva, generando una especie de Gran Esclavo temporalmente retardado. Desde hace varios días que nos hemos ido paulatinamente enterando del estilo de vida de Natasha en cautiverio, de las pesquisas policiales destinadas a comprender cómo pudo ocurrir un hecho así en Austria, un país de la racional Europa. No se descarta que la Kampusch escriba un libro y que los canales alienten su compra para ayudar a la pobre en la reconstrucción de su vida.
En una de las últimas performances de la escapada, Natasha visitaba la tumba de su ex captor. El sujeto se había suicidado luego que ella escapara corriendo mientras ambos lavaban su auto en la calle, afuera de la casa donde habían permanecido, captor y cautiva durante 9 idílicos años. La joven corría alejándose de su amo tan rápido como el tren despedazaba el cuerpo suicida de Wolfgang Priklopil, el captor. Pero ahí estaba ella, días más tarde, depositando una flor y diciendo que lo estimaba y que era parte de su vida, una declaración que para una austriaca no es una declaración de indiferencia. Era un buen tipo. Un poco posesivo, tal vez podría agregar uno sin temor a equivocarse. De esa forma, Natasha aporta con lo suyo a una prensa que sólo tiene ojos para el espectáculo, el morbo que provoca ver como mediante la violencia se logra tal dominación que se confunde con el amor, como si el mentado síndrome de pronto se convirtiera en un amor verdadero y profundo.
Sabemos todo de ella. ¿Pero de él? Nada. Sin embargo, acá, en la misma Europa donde ocurre esta sobreexposición de la víctima y este ocultamiento del gestor de la violencia más cruel, sabemos todo de las F.A.R.C. y sus secuestros, pero nada de sus secuestrados. Sabemos todo de la forma en que el ejército gringo revienta iraquíes y afganos pero no tenemos idea de la forma en que la resistencia nativa reparte los cuerpos de los colonos por los aires a bombazo limpio; menos de la forma en que un pueblo culto y sofisticado como el iraquí resiste en lo cotidiano una dosis de veneno inyectado a la vena por George y su llamada inútil pero eficiente C.I.A. Durante las otras semanas, justo antes que la Austriaca decidiera escaparse, Israel colocaba su sandalia sagrada sobre cabezas libanesas. Entendíamos las armas sionistas, los tanques, las bombas de fragmentación y toda indumentaria del soldado de Moisés, pero nada de las misteriosas armas de Hezbolá. Nada de la resistencia libanés. Como si hubieran huido al norte como perros cobardes. Bush aparece en la tela diciendo que sí tienen cárceles secretas, pero que ahí están los patos más malos del mundo. Tenemos fotos de los torturadores de las cárceles y torturados con capuchones. Tenemos a Pinochet andando por las teles y las bocas de sus mujeres, tenemos siempre a Bush en la Pantalla, a Berlusconi, a Blair, a Fujimori, Spiniak, acaba de morir Stroessner; tuvimos a Somosa, Videla. Tenemos, en la tele, en los diarios, tantos victimarios… (¡silencio!). Pero no hay víctimas en el mundo. De ellas, silencio. Spiniak era un abusador de menores, pero no hay menores abusados y nadie habla de reparación. Tenemos a Pinocho desaforado, pero las víctimas del Patio 29 no tienen todavía identidad. Guantánamo lleno de terroristas, pero sin biografías; nacieron terroristas. Berlusconi que aparece como boxeador del año 40 pero ningún italiano empobrecido gracias al descaro del ladrón. ¿Por qué este ocultamiento de las víctimas en Europa salvo cuando la víctima es una pequeña adolescente enamorada de su captor? ¿Por qué este blanqueamiento de la violencia? ¿Por qué los medios se rehúsan a mostrar la forma en que las víctimas infringen inhumanidad a sus victimarios? Hacer de las víctimas parte del relato no tiene nada que ver con hacer de los telediarios un escenario para el Gore. Me pregunto, sin embargo, por qué tanto endulzamiento de la violencia. Mostrar al malo no es mostrar todavía cómo funciona la violencia, es mostrar simplemente que está ahí. De ahí a la imitación no hay mucho camino. Víctimas, su voz olvidada. Víctimas, las voces calladas. Después de todo, no existe historia que no sea una historia de la barbarie… es decir hecha por los que comenten la barbaridad. La historia es hecha por los vencedores, decía el alemán Benjamin. Habrá, tal vez, que renunciar a la historiografía, incluso ésa de los telediarios.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal