Yo soy la bestia III
As Bestias se aman
Yo soy la más desencajada bestia: tengo la piel magullada por la tarde comienzo a ponerme crepuscular y sórdido entre las caricias de los amantes las promesas de los que no vuelven o la actividad secreta de quien ya no cree más en nada/ soy el pozo en donde las estrellas murieron lentamente en una noche de febrero cuando la luna las desvistió con su luz íntima de cabaret natural/ mi escritura es la maldición más penetrante de las que me ha tocado encarnar en materia y algo parecido a la materia pero más blando que simplonamente llamamos espíritu (dos vueltas en la misma cueca) por eso mi desesperación reverdece y abre las ventanas de la primavera como si no todo estuviera perdido: vida como manicomio
Soy los más aparente de lo que emerge en superficie: un funcionario público que casi sin darse cuenta se encontró colgado del parrón de casa dejando como única literatura una confusa carta de despedida
Yo que soy la bestia furibunda me he colgado
del lado más grueso que me une a la vida
como lirio o cordón umbilical enrollado
que me amorata ligeramente la voz
desatándome en el cuello el más
modesto infierno de telas y
banderas al viento de
un septiembre cada
vez más estrecho
terrible y simple
que me amarra a lo que no puedo
describir entre el espanto
el deseo y el amor que
agito entre mi
cabellera
rota
por eso me llamo bestia mientras recorro a contrapelo tus más delirantes sueños rompiendo tu calma aparente y tú música de supermercado que relajadamente te invita a comprar / no me digas que no es espeluznante descubrir que el reflejo de los escaparates eres tu mismo tratando de alcanzar una felicidad que se desmorona violentamente: la tarea de la autodestrucción es dejarse llevar por las fuerzas más ocultas que te habitan/ reconocer que lo que compone tu interioridad es una molotov muy bien preparada esperando ser lanzada al abismo/ o una carta de amor que demuestra que la existencia es un arco tenso/ aunque tengamos casi todo lo existencial un poco flácido/ es tener un secreto mal guardado/ la mitad del corazón de tierra roja en Brasil/ una amante despeinada en alguna página de Brodsky/ mujer delgada que desvive por uno mientras espera el retorno destejiendo esperanzas que la hieren con sus puntas afiladas/ la más cruel de las esperanzas: ‘Don’t let me down’ de los Beatles en mi casetera marca ‘orion’/en un inglés que sólo los ángeles-negros podrían intelegir o comprender pero no descifrar: tratando de soportar la brevedad del amor la inconveniente extensión del olvido y esas yerbas de vaca sagrada
y
trato
de tocar con
los labios la médula
del corazón
que me sostiene
que desfonda la realidad
que me deja hermosamente
terrible desnudos en el más salvaje
aquí y ahora que ya es tiempo pretérito

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